Se afirma que A muscaria fue

Se afirma que A. muscaria fue usada en América después de que los siberianos cruzaron el estrecho de Bering, entre Asia y Alaska, en la época glacial. Los indígenas Ojibwa, en la región de los Grandes Lagos, situada entre Canadá y Estados Unidos, aún consumen A. muscaria (Wasson, 1979). Al emigrar hacia el sur, dichas tribus llegaron hop over to these guys México y Guatemala, en donde varias figuras y códices revelan el uso del hongo. En México, en la cultura capacha de Jalisco se encontró una estatuilla de arcilla de unos 15cm de alto (fig. 3) en forma de A. muscaria. Esta tiene debajo la figura de un pequeño indígena sentado; vemos aquí nuevamente el efecto del enanismo y el éxtasis por el rostro y la posición de los brazos del personaje. Otro ejemplo prehispánico de A. muscaria es una pequeña piedra en forma de un botón (fig. 4-5) que fue encontrada en un sitio arqueológico cerca de Pátzcuaro, Michoacán. Se atribuye a los purépecha, pero estos indígenas en la actualidad no consumen A. muscaria y la consideran venenosa, pero con respeto, especialmente en su etapa botón (fig. 2). El porqué la pequeña piedra tiene tallada una calavera en el lado opuesto (fig. 5) puede ser como una posible señal de los efectos neurotrópicos en la cabeza. En las culturas contemporáneas indígenas de México y Guatemala A. muscaria no se utiliza en sus tradiciones debido al cambio que hicieron por especies de Psilocybe (fig. 16) (véase adelante).
En cuanto al uso de A. muscaria en las culturas náhuatl y maya, hay dos interesantes piezas arqueológicas que representan cabezas indígenas en relación con este hongo y la mente (figs. 6-7). La primera muestra A. muscaria en el lugar de los ojos y a su vez la cara de la persona distorsionada. En la figura 7, el lado derecho de la cara de la cabeza tiene representada una A. muscaria, mientras que en el izquierdo la cara está distorsionado, lo que probablemente significa que el hongo provoca visiones (véase más información de esta figura en de Borhegyi y de Borhegyi-Forrest, 2013). Lowy (1972) estudió interesantes representaciones de A. muscaria en los códices Dresde, Galindo y Madrid de la cultura maya y sugirió que hubo un culto de este hongo, observación propuesta por primera vez por Borhegyi De (1957). Lowy (1974) discutió además la leyenda del rayo, en Guatemala y México (Chiapas), que relaciona los rayos y truenos con A. muscaria. Dichos fenómenos naturales inspiran miedo, respeto y reverencia por el poder que despliegan. Los antiguos mayas pensaban que este fenómeno estaba relacionado con una alianza mágica con el hongo. Hoy los indígenas dicen que A. muscaria nace en el lugar donde cae un rayo, y que esa es la razón por la que tiene gran poder. Otra leyenda sobre el rayo, pero con Psilocybe en Oaxaca (México) (Wasson, 1980), fue escuchada del curandero Aristeo Matías en la zona de San Agustín Loxicha (Oaxaca), en donde tienen como hongo sagrado a coelomates P. zapotecorum (fig. 16) y al que llaman «corona de Cristo». Según Aristeo, dicho hongo crece en el lugar en donde cae un rayo y en el que se deposita sangre de Cristo. Esta observación une interesantemente la cultura maya con la zapoteca.

La época del «teonanácatl»
Los indígenas mesoamericanos que utilizaron primero A. muscaria como un hongo sagrado cambiaron a Psilocybe al descubrir las propiedades alucinógenas de varias especies de este, debido a que A. muscaria no es abundante y a su vez causa malestares estomacales. Los psilocibes, por el contrario, son comunes e inofensivos. El «teonanácatl», descrito por Sahagún (1955) en relación con unos hongos sagrados de los aztecas, es un Psilocybe, como lo ha hecho ver Guzmán (2012) y no un Panaeolus, como erróneamente fue considerado por Reko (1919, 1945) y Schultes (1939). El «teonanácatl» fue confusamente estudiado por Schultes (1939), al identificar los hongos de los mazatecos de Oaxaca como «teonanácatl». Schultes y Reko en Huautla de Jiménez, en 1938, al escudriñar cuáles eran los hongos sagrados, recibieron por parte de los indígenas dos paquetes con hongos secos. Pero además, Reko y Schultes colectaron en el campo hongos frescos. Posteriormente, todos los hongos se estudiaron en Harvard, pero los únicos identificados fueron los colectados por Reko y Schultes. Estos como Panaeolus sphinctrinus (fig. 12:11). Con ello Schultes (1939) publicó un artículo sobre la identificación del «teonanácatl» de los aztecas y se inició una gran confusión sobre la verdadera identidad del «teonanácatl» (Davis, 1997; Guzmán, 2012).