Adem s este uso del t rmino cultura

Además, este uso del término cultura es sesgado porque desconoce que en ese mundo “civilizado” también existieron y existen aún violaciones de los derechos de las mujeres que se basan en patrones socioculturales. Recientemente —el 23 de septiembre de 2010— se aplicó la pena de muerte en Estados Unidos (±)-Nutlin-3 una mujer que planeó el homicidio de su esposo y el hijo de éste, llevado a cabo por dos hombres, con uno de los cuales sostenía una relación amorosa, pena que no había sido aplicada desde hacía cinco años en el estado de Virginia. El caso ha sido especialmente polémico porque ninguno de los autores materiales fue condenado a muerte, sino a cadena perpetua, frente a lo cual algunos han manifestado que el género fue un factor en contra de la acusada pues “cuando las mujeres cruzan ciertas líneas y cometen crímenes atroces y se salen del papel que la sociedad les atribuye, son castigadas con más dureza y consideradas más diabólicas que los hombres” —aseguró Richard Dieter, director del Centro de Información sobre la Pena de Muerte (dpic, por sus siglas en inglés)—. Un dato muy indicativo es que la sentencia calificó a la acusada con una referencia bíblica: “la serpiente, que simboliza la tentación”.
Por último, oponer cultura y civilización secuestra de forma ilegítima la bandera de la lucha de los derechos de las mujeres para el mundo civilizado. Los derechos de las mujeres no son una cuestión occidental. Sostener lo anterior desconoce que no ha sido el mundo civilizado el que ha luchado y lucha por los derechos de las mujeres sino que lo han hecho y lo hacen mujeres —y algunos hombres— provenientes de diversos países, razas, religiones, etnias y condiciones socioeconómicas en sus respectivos contextos y en el ámbito internacional.
En definitiva, se debe rechazar cualquier planteamiento del conflicto que se presente en estos términos porque es precisamente por ello que los reclamos de avance de los derechos de las mujeres se juzgan como irremediablemente contrarios al respeto de la cultura al presentarse como una imposición del mundo civilizado a las demás culturas.
3. También se usa el término cultura como lo que identifica y distingue a una nación, una etnia o una religión de otras. Es decir, “como base de identidades nacionales, étnicas o religiosas”.
Bajo este uso del término cultura se presentan los conflictos entre derechos de las mujeres y el principio de respeto a la diversidad cultural. Se presenta una tensión entre estos dos extremos cuando un reclamo de igualdad sexual choca con una característica que se juzga distintiva de una nación, etnia o religión según la cual hombres y mujeres no deben recibir el mismo trato. En otras palabras, una nación, una etnia o una religión enmarcan el mantenimiento de esa desigualdad sexual en la protección de su identidad de modo tal que se sostiene que si desaparece esa desigualdad sexual, la nación, la etnia o la religión empezarán a ser otras distintas.
Un típico caso de tensión entre los derechos de las mujeres y la diversidad cultural se da en el caso de una práctica desarrollada en las comunidades indígenas de Fiyi denominada bulubulu, conflicto que fue advertido por el Comité de la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer en 2002. De acuerdo con esta tradición, cuando una persona comete un delito se disculpa ante la víctima y ofrece un diente de ballena y un regalo para que se le perdone y sobre la víctima recae cierta presión para que acepte la disculpa y “haga las paces”. Tal costumbre es un elemento central de la vida de la comunidad pues se usa para consolidar los vínculos del clan, para que los miembros del mismo no vivan con resentimiento y para evitar la venganza y restaurar la paz. El conflicto con los derechos de las mujeres se da cuando se utiliza en los casos de violación sexual ya que las autoridades judiciales, si se demostraba que había tenido lugar el bulubulu, no acusaban al agresor ante los tribunales o los tribunales no imponían la pena prescrita en la legislación o imponían una más baja en reconocimiento de la diversidad cultural. A ello se agrega el que, como el delito de violación es considerado un delito contra el esposo o la familia más que contra la mujer, las disculpas eran ofrecidas y aceptadas por los mayores de la familia no por la víctima o el victimario, pues, además, en la comunidad no existen estrictamente conflictos interpersonales sino entre familias.

Urban greenways Greenways also referred to

Urban greenways
Greenways, also referred to as linear landscapes and landscape corridors in popular discourse, acquired a distinct body of knowledge developed through key contributions of Little (1990, 1995), Fábos (1995), Fábos and Ahern (1996), Flink et al. (2001), Jongman and Pungetti (2004), Fábos (2004) and Hellmund and Smith (2006), over time. Little (1990, 1995) explained the idea of a greenway as a combination of greenbelt and parkway, to quote “…if you take a syllable from each of these terms – green from greenbelt and way from parkway, the general idea of greenway emerges: a natural, green way based on protected linear corridors which will improve environmental quality and provide for outdoor recreation (Little, 1995: 4).” (±)-Nutlin-3 The President’s Commission on Americans Outdoors (1987) envisioned “a Living Network of Greenways… to provide people with access to open spaces close to where they (±)-Nutlin-3 live , and to link together the rural and urban spaces in the American landscape… threading through cities and countrysides like a great circulating system.” Fábos (1995, 2004) emphasized that “greenways are ecologically significant corridors, recreational greenways and, or greenways with historical and cultural values” and thus advocated for greenway planning as a comprehensive multipurpose, multi-objective effort. Ndubisi et al. (1995) observed, that “environmentally sensitive areas when interconnected could serve as greenway corridors.” Ahern (1995) explained, “(that) greenways do not attempt to transform or control the entire landscape—but by focusing on riparian corridors and other environmentally sensitive areas, greenways are more modest in their ambitions, while exploiting selected linear elements in a strategic and synergistic manner.” My own research concurs with Ahern’s idea and defines greenways as “synergistic landscapes that create harmony amongst the urban system with broader biophysical system” (Sharma, 2010).
Many offshoots of the greenway concept have simultaneously emerged and thus led to confusion about the identity of greenways. In addressing this identity crisis, the comprehensive greenway nomenclature by Hellmund and Smith (2006: 2) is reviewed and reinterpreted here to highlight the following definitive and distinctive features:
The current perception of or design attitude toward greenways, especially urban greenways, is that they are physical connectors between places with green cover. Lindsey et al. (2008) described greenways as linear open spaces or parks along rivers, streams, ridgelines, or historical infrastructure corridors, such as canals or railroads, with the potential to shape the urban form and connect people to places (53). Within this view of urban greenways, the paper investigates the varieties of design approaches and language, currently being generated.

Inquiry into design syntax of urban greenways
Syntax is mostly used in linguistics, but Hillier and Leaman (1974) reintroduced the concept to architecture and urban design through space syntax. Conceptualization of space syntax originated from questioning of critical thinking in design and most prevalently used to map and understand physical connectivity (Hillier and Leaman, 1974; Baran et al., 2008). Lynch (1960) offers a matrix for reading and assessing form. The matrix alludes to clarity in terms of figure background, contrast, and dominance; visible form or geometry, visual scope, and joints or nodes; and continuity, directionality, and motion awareness. This matrix serves as a structure for organizing forms, patterns and spaces to design a city (1960) and Alexander’s (1977) too for designing and retrofitting places, however, not a direct framework for design and planning of an urban greenway. The inquiry into design syntax, presented in this paper, considers previous studies on connectivity and syntactic investigations of Alexander (1977) and Lynch (1960), but focuses exclusively on understanding the design syntax of urban greenways. The paper uses the term “design syntax” to imply the composites of urban greenway with reference to the resultant spatial form. The intention is not to compare the design syntax with linguistics syntax as in this paper since that should follow this investigation in collaboration with a linguistic syntax expert, but to derive an operational understanding of design syntax first. Urban greenways, would be referred to as those designed primarily for humans; approaches that aim to reconcile the design for humans and other biodiversity are beyond the scope of this paper but are discussed in forthcoming text by Sharma (in press).

(±)-Nutlin-3 Eugenia Romero Sotelo Pablo Arroyo y Leonor Ludlow insisten en

Eugenia Romero Sotelo, Pablo Arroyo y Leonor Ludlow insisten en la introducción que el libro no reúne (±)-Nutlin-3 todos los economistas que hicieron aportaciones al pensamiento económico de México. Si bien la afirmación es cierta. ¿Quién podría incluir en un solo libro a todos ellos? Lo relevante es que la obra prácticamente desentierra, en muchos casos, a personajes sobre los que sabíamos muy poco y también, al afirmar que el libro no reúne a todos los economistas, los coordinadores se comprometen explícitamente a continuar con la tarea de seguir investigando el legado intelectual de los economistas mexicanos. Solo me queda reiterar a todos la invitación a leer este magnífico libro, novedoso, original, muy bien fundamentado y que constituye, sin lugar a dudas, una aportación al conocimiento del siglo mexicano.

“ del hospital en julio de 2004–relata Joseph Hodara– después de intercambiar últimas sonrisas y palabras con Víctor L. Urquídi, le asaltó un anhelo que, con los avatares del tiempo, se transformó en pertinaz obsesión: trazar algunas huellas de su humano andar”. Un mes después, moriría Víctor L. Urquidi. La obsesión de J. Hodara tuvo eco en el Colegio de México, donde encontró, en su Director Javier Garciadiego Dantán, el apoyo personal e institucional necesarios para construir el libro, el cual se publicó en agosto de 2014.
de J. Hodara fue examinar más de cincuenta años de trabajo, de participación académica y política, y del compromiso que Víctor L. Urquidi asumió con México y América Latina, desde 1940 hasta su muerte; además de reconocer la trascendencia de la influencia de su pensamiento en las políticas públicas que se produjeron en el país durante ese largo período, así como, la importancia que tuvo como formador, inflexible y severo, de investigadores y profesores; entre otros aspectos de su vida.
realiza una reseña histórica minuciosa, documentada, rigurosa, crítica, desapasionada, equilibrada y admirativa, de la vida profesional y de la obra de Víctor L. Urquidi (vlu), que comprende los principales aspectos biográficos del protagonista, los rasgos de su carácter y personalidad, el desarrollo de ideas, el análisis de corrientes de pensamiento, y la comprometida defensa y difusión de aquellas en cuya pertinencia creía.

está dividido en cinco grandes títulos y dieciséis subtítulos, todos sugestivos e ingeniosos, que permiten al lector adentrarse en los temas que constituyeron el eje de reflexión y análisis de Víctor L. Urquidi; permiten incluso profundizar pródigamente, ya que el autor nos proporciona más de trecientas ochenta referencias. Además, Joseph Hodara entrevera conceptos e ideas propios que enriquecen analíticamente la descripción y la relatoría, y dejan ver su sólida formación como sociólogo y estudioso de la economía, la semiótica y la filosofía; esta modalidad del relato le permite al autor desplegar una visión, a osmotic pressure veces polémica, sobre su personaje, situación muy disfrutable para el lector.
rasgos de la personalidad de Víctor L. Urquidi, destaca el autor su condición de “siempre caballero” por su “sensible respeto al otro”; no obstante, aclara que establece distancia, entre tímida y arrogante y que ésta puede ser resultado de la internalización de las características de la élite británica con la que convivió durante su estadía en Inglaterra, en la adolescencia y la época de estudiante de economía. Sin embargo, refiere que su estilo preciso y directo al exponer, le ayudaba a disimular su recalcitrante timidez.
narra las condiciones de la infancia de Víctor L. Urquidi en el seno de una familia conformada por un padre diplomático y una madre de profesión enfermera y nacionalidad inglesa, y dos hermanas, la cual se desarrolla en diferentes países y se ve interrumpida por la guerra civil española (vivían en España) y por la Segunda Guerra Mundial, lo que obliga a sus padres a enviarlo a Londres.