Otros de los males que tratan y cuya presencia es

Otros de los males que tratan, y cuya presencia es común en la vida cotidiana e implica en ocasiones la asistencia de un ritualista, serán descritos PR-171 manufacturer continuación con más detalle.

Conclusiones
Por un lado, sus propias bases hacen referencia a un nivel específico de la organización social: el espacio inmediato del hogar o la familia extensa que se abre para incluir las relaciones de compadrazgo o el ámbito vecinal. Sumodusoperandi pareciera enfatizar las relaciones sociales, sus interacciones y la participación y dimensión colectiva del proceso de curación. Se trata de un proceso sutilmente ordenado (en ocasiones jerarquizado), con frecuencia centralizado en la figura de la madre, pero a menudo también constituido por una intervención diferencial de personas, especialmente mujeres pertenecientes a diversas generaciones, aunque también hombres y niños, que se desenvuelven en su contexto y en su espacio original: madres de familia, abuelas maternas o paternas, ciertos parientes rituales —madrinas—, vecinas experimentadas que actúan como asistentes o terapeutas, y otras categorías de participantes, como sacerdotes, hijos de vecinos o los propios vecinos anfitriones, en el caso de la tiricia (paradigmático en el sentido de la intervención acumulativa y colectiva). Existe una dimensión fuertemente social, en la que las secuencias y tiempos de la curación suelen encontrarse en relación con personas distintas y con la convergencia de sus acciones combinadas sobre el niño enfermo. En este sentido, en el campo de las afecciones infantiles, el lenguaje sobre la terapéutica muchas veces atañe directamente al campo de las relaciones sociales, en tanto discurso de la etiología nosológica, en el que las causas de los males son vinculados en buena medida con distintos tipos de relación social: la envidia o deseo ajeno (en el mal de ojo), el exceso de juego e interacción con los adultos (en la caída de mollera) o el estado opuesto: la soledad o ausencia de compañía (en la tiricia).

Introducción

La Costa Chica de Oaxaca. Antecedentes históricos y situación actual
La llegada de los colonizadores españoles a lo que hoy conocemos como territorio mexicano trajo consigo cambios significativos en materia demográfica. La aparición de enfermedades desconocidas para la población nativa de estas tierras aumentó el índice de mortalidad. Otro factor que influyó de manera decisiva en el descenso demográfico fue la inserción de los indígenas como trabajadores en las encomiendas y los repartimientos.
Lo anterior tuvo como resultado la necesidad de incorporar mano de obra que sustituyera en las actividades económicas novohispanas las cuantiosas bajas entre los colonizados. Los seleccionados para cubrir este déficit poblacional fueron los esclavos africanos. Con la expansión colonial europea, la trata de esclavos constituyó un negocio próspero que servía como paliativo ante la insuficiencia de mano de obra en las colonias. Sin embargo, los embarques debían pasar por Europa para registrar las cargas y pagar el impuesto correspondiente. Dado el elevado costo de este tipo de transacciones, los comerciantes crearon la ruta directa de África hacia los principales puertos americanos (Martínez, 2010: 28), de tal manera que los primeros africanos llegaron directamente del lejano continente.
Más adelante, otros esclavos arribaron con sus amos españoles en calidad de siervos o criados domésticos (Meza, 2003). La economía colonial española fundamentada principalmente en la minería, hizo necesario una mayor importación de mano de obra, la cual provenía tanto de España como de Portugal, así como de la región caribeña. De acuerdo con los estudios historiográficos, se tiene registrado el ingreso de alrededor de 200 000 africanos a la Nueva España (Velázquez 2005:29).
Si bien la presencia de los africanos se diversificó en los diferentes puntos geográficos del territorio novohispano, fueron cuatro las zonas donde su presencia fue más significativa: en la región del Golfo, con Veracruz como centro rector; en el norte y oeste de la ciudad de México; por Puebla hacia la costa del Pacífico (Acapulco) y, principalmente, la ciudad y el valle de México (Davidson, 1981: 81). La mano de obra de origen africano se instauró en los ingenios azucareros, la ganadería, obrajes y agricultura de cacao, pero también como trabajadores urbanos en diferentes oficios, como sastres, zapateros y pintores.